Publicar en los tiempos del coronavirus

Paula Gil García en la Feria del Libro de Vallecas el pasado octubre.
Paula Gil García en la Feria del Libro de Vallecas el pasado octubre.

Leo en la prensa que la lectura en España alcanzó máximos históricos durante el estado de alarma. Confinados en casa, con los bares cerrados y las reuniones sociales prohibidas, no solo nos dedicamos a ver series, sino que además leímos. Casi noventa minutos más a la semana que la media de 2019. Si uno se fija en los detalles de la noticia, ve que el titular tira a optimista. El porcentaje de españoles que lee libros al menos una vez al trimestre subió solo hasta el 68,8 por ciento en 2020 frente al 68,5 por ciento del 2019, y eso que fue un año en el que pasamos más tiempo en casa. Sigue habiendo un 36 por ciento de la población que no lee “nunca o casi nunca”.

Pero prefiero quedarme con los datos positivos. En los meses más duros del confinamiento, nuestra realidad se convirtió en una película de ciencia ficción. Pese a la ansiedad, pese a la dificultad para concentrarse ante el cúmulo de malas noticias, pese a todo lo que perdimos, millones de personas encontraron tiempo para leer, y eso motivo de celebración. Quiero pensar que a lo mejor algunos lograron crear un hábito, que siguen leyendo más que antes de la pandemia.

Para escritores, editores y libreros ha sido un año nefasto. Las librerías cerraron durante más de dos meses. Apenas ha habido eventos literarios, presentaciones de libros o oportunidades de promoción. La crisis estalló además en el peor momento, cuando se lanzan buena parte de las novedades editoriales. No hay datos oficiales (las últimas cifras que ofrece el INE son del 2018), pero me atrevería a decir que cientos de lanzamientos se cancelaron, cientos de libros que quién sabe si llegarán a ver la luz.

Yo puedo contarme entre los afortunados. Mi novela Cuarenta mil años sin ti iba a ser publicada por Nowevolution Editorial a finales de marzo de 2020. Tras unas semanas de incertidumbre por la situación, Rubén Buitrago, co-director de Nowevolution, decidió seguir adelante con la apuesta por mi libro, aunque por el momento solo saldría en formato digital. En julio apareció finalmente en papel. No hubo presentación oficial. Prácticamente todas las ferias a las que mi editorial suele asistir se cancelaron. Pero Rubén y yo intentamos poner al mal tiempo buena cara y buscar oportunidades de promoción alternativas. Publicar en medio de una pandemia ha sido complicado, pero intento ver el vaso medio lleno. Igual que el confinamiento hizo que mucha gente leyera más, también obligó a editores y escritores a innovar, a probar nuevas estrategias. Muchas de ellas funcionaron y se quedarán. Casi un año después de que apareciera mi novela, veo que hay cosas que seguramente no hubiera hecho en circunstancias normales y que resultaron ser positivas. Trataré de resumirlas.

En primer lugar, mi implicación en la promoción del libro fue mayor. Mi editor y yo sabíamos que había que compensar el cierre de librerías y la cancelación de eventos, así que toda ayuda era bienvenida. En mi caso, comencé a ser más activa en redes sociales, donde antes apenas estaba presente. Gracias a las redes descubrí por ejemplo a muchos escritores españoles de literatura de género que no conocía y a los que empecé a seguir. Me enteré de oportunidades interesantes, como la convocatoria de relatos de la revista Opportunity, una publicación digital respaldada por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT). Mi relato Riders fue seleccionado para el segundo número y, si os interesa, podéis descargarlo en Lektu con pago social (lektu.com/l/aefcft/revista-opportunity/14556). También descubrí cuentas como @consupinky o @anikalibros, a las que agradezco que publicaran reseñas de mi novela.

La falta de eventos nos obligó a muchos escritores y editores a buscar formas de promoción creativas. Se han hecho firmas virtuales, vídeos, encuentros en Twitter… Quedarnos de brazos cruzados no era una opción. Para muchos de nosotros ha sido un proceso de aprendizaje que nos ha llevado a descubrir nuevos formatos. Pocos días después de la aparición de la versión digital Cuarenta mil años si ti, difundimos un booktrailer realizado por Chevi Diseñarte (@chevidf). Creo que nunca se me hubiera ocurrido hacer algo así si hubiésemos contado con las oportunidades “convencionales” para promocionar la novela. El resultado fue increíble, como podéis ver.

Cuarenta mil años sin ti nunca llegó a tener una presentación, pero muchos compañeros se animaron a presentar sus nuevos libros en redes, por ejemplo con directos de Instagram. Y aunque al principio pudiera parecer un mal sustituto del contacto directo con los lectores, lo cierto es que tiene ventajas. Las firmas de libros llegan a reunir con suerte a varias decenas de personas, pero en el caso de las redes sociales, podemos estar hablando de miles. Javier Castillo tuvo hasta 6.500 personas conectadas a la vez en el directo de Instagram para presentar La chica de nieve. De acuerdo, hablamos de un autor de superventas pero… ¡seis mil personas! ¡No para un concierto, sino para un libro! La pandemia nos ha impedido llegar a muchos lectores, pero ha conseguido que llegáramos a otros que de otra forma nunca hubieran descubierto nuestros libros. Gracias a que editores y escritores somos ahora expertos en el manejo de Zoom o Twitter, las firmas virtuales han contado con asistentes en dos o tres continentes. Cuarenta mil años sin ti, por ejemplo, se ha leído en varios clubes de lectura y he tenido la suerte de que me invitaran a dos de ellos cuando comentaron mi libro. Antes de la pandemia solo hubiera asistido si la reunión se hacía en mi ciudad, pero como el encuentro se celebraba de todas formas en Zoom, pude charlar con mis lectores, aunque algunos de nosotros ni siquiera estábamos en el mismo país. Todo un lujo en estos tiempos tan difíciles que nos ha tocado vivir.

‘Cuarenta mil años sin ti’ (Nowevolution Editorial, 2020) https://g.co/kgs/4MXX8M Finalista XXIII Premio de Novela Fernando Lara

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